viernes, 23 de septiembre de 2011

sex&thecity

¿Habremos acabado por conformarnos con una existencia sin azúcar? Tomamos crema light en lugar de helados, aceptamos e-mails en lugar de canciones de amor y bromas en vez de poemas. Por eso, cuando nos encontramos con el romanticismo no podemos digerirlo. Pero, ¿seríamos capaces de reconciliarnos con él? o, ¿sufrimos de intolerancia al romance?

Y digo yo, en los tiempos que corren, ¿qué está pasando exactamente? Si salimos de fiesta un tío romántico nos puede parecer empalagoso e incluso petardo. Pero, ¿y cuando nos enamoramos de verdad? ¿Nos volvemos románticos? Es decir, cuando conocemos a fondo a la persona que amamos, tiene cabida el romanticismo. Y ¿en qué momento pasamos del juego de la seducción algo picante o bromista al juego romántico?
¿Con el tiempo se pierde? Yo pienso que hay muchas formas de ser romántico sin ser empalagoso ni lujoso. La magia de una pareja existe o no existe, pero no se debe sobrealimentar de horteradas románticas, en la justa medida puede estar bien

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